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may 01

Mis meses de mayo -como podréis comprobar los más curiosos en el histórico- suelen ser agitados, en todos los terrenos, pero también en el emocional… No me refiero a rollos de corazón, sino a temas de sensaciones, sentimientos…

Y este no va a ser menos. De hecho puede que sea uno de los más emotivos. Bueno, seguro. Entre las canciones que se oirán este año, creo que va a haber una sobre todo que me pondrá los pelos de punta. No es que me llegara a la primera, pero cada vez que la he escuchado más y más, se me ha ido quedando un poco más dentro.

El regreso de Niamh Kavanagh al escenario del festival va a ser como revivir un Eurovisión de los años 90, y en directo. No es que sea una de las ganadoras a las que más cariño le haya tenido desde su triunfo en el 93, pero me parece una señora entrañable, que ahora entrada en años, y en carnes, nos traerá el sabor del antiguo Eurovisión para hacer que nos emocionemos.

La canción está muy bien construida, segura ganadora en los 90, y sonará grandiosa en Oslo. Incluso su victoria -que no creo que ocurra lamentablemente- me llenaría de alegría. Vivir un Eurovisión en Dublín, uf, qué sensación. El videoclip respira la misma sencillez que toda la apuesta irlandesa de este año. El detalle de la cámara cuando se para en su foto de hace 17 años, me encanta. Por favor, que la realización noruega le ponga en las pantallas de atrás en algún momento su foto de cuando ganó Eurovisión. Bravo Irlanda, qué emoción.

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